jueves, 4 de febrero de 2010


Cosa de niños...
la peli de anoche me trasladó a esa época en la que realmente disfrutas las pelis sin más cuestionamientos. colores, formas, magia. avatar lo merece, aunque lleve ya un historial de inicio con demandas de plagio y toda la cosa. Eso parece real, pero queda como publicidad casi gratuita, no?

Yo la verdad es que la disfruté "en grande", hasta me gustaron los alienígenas. Mi chavo dice que la protagonista lo puso. No me quedó más remedio que decirle que a mi Jack Sully también me "puso". Aunque debo de confesar que me gustó mucho más Neytiri, así que por hoy, se la pasó... Lo que de plano la peli deja claro, es la innegable podredumbre humana. Hubo momentos en los que me sentí avergonzada de formar parte de esta raza. Bueno, quizá yo no sea tan perversa, pero igual y sí. Eran extraterrestres, y por si eso fuera poco, indígenas!! que madres podían importarle a los emprendedores empresarios terrestres si era un mundo perfecto, con un equilibrio energético que aquí ya hemos dejado de disfrutar hace tiempo. Ese contacto universal que ya llega a lo obsoleto en nuestras actuales generaciones, los vestigios de lo que (me aferro a pensar) alguna vez fueron humanos de alta valía. Al menos eso pintan los restos de culturas como las de mi país, en las que, aun y que la violencia formaba el cotidiano de la vida y la supervivencia, el respeto y el amor por la naturaleza, se deificaba en cientos de seres a quienes no se tenía reparo en adorar : el sol, el agua, la tierra, hasta el pulque! pero bueno, incluso yo me sentí incómoda con los cánticos en el árbol sagrado. Quizá que me recordaron mi más temprana infancia en la misa de cada domingo cuando mi abuelita pretendía hacer de mí una mujer de bien para la sociedad, aleccionada en las mejores instituciones para ello, como es la iglesia católica... pero bueno, no es la institución a lo que aquí me refiero, solo al hecho de entregarse sin más a esa parte innegable del humano, la que corresponde al poder supremo, la energía universal. Eso rescato. Solo que -dejando las cosas de niños del principio de este comentario-, no es necesario ir al cine para ver el retrato más feo de la peli, suficiente es ojear la geografía inútil de nuestro maltrecho planeta...

ahí si que está en vivo y a todo color,
y sin gafas.

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