lunes, 16 de agosto de 2010

la tripita

nada,
hablando de niños y me entero que espero uno...
hace ya tantos años que había dejado de jugar a que podía cargar uno de esos. jamás acerqué un solo nenuco a mis senos y nunca jamás en la vida me puse un bultito en la pancita a ver como me vería. si estoy felíz? la verdad es que la alegría multitudinaria tanto de mi familia como la de mi chico me han terminado por contagiar. no fué un accidente, más bien fué una gran sorpresa. es solo que, desde que mis sentidos comenzaron juntos a sufrir por la conciencia del mundo que habitaba y mi acertada percepción sobre el triste desenlace de la humanidad, muchas veces me hicieron prometerme que yo nunca traería al mundo a un pequeño a pasar las que se avecinan. tanta gente muriendo de hambre, tanta gente muriendo de sed. guerras, inundaciones, calor, indolencia, indiferencia, odio, discriminación. del mundo que yo amaba de niña, ya no queda nada, y no es eso lo que yo quería ofrecerle a un pequeño cachorrito de humano. pero bueno, al parecer eso de que dios no concede caprichos es bastante cierto. al menos los tallitos de raíz que se negaban constantemente a asomarse, en esta ocasión han decidido sin más a extenderse y apañarse de lo que se pueda, tanto es así el instinto.

si hay muchas cosas buenas de estar embarazada? pues más allá de las decenas de felicitaciones y enhorabuenas´s de toda la gente que se entera, es la certeza de que un milagro existe dentro de tí. esa plena conciencia de que sin que tú hagas nada, un pedacito de célula se va transformando cada día. cuando ví la primera ecografía y un muñequito de diez centímetros se movía con una fuerza indescriptible, en todo su espacio, cuando yo ni sabía que los fetitos de tres meses podían desplazarse, te provoca una mezcla de emociones que al juntarse todas en nudo se salen de pronto juntas y no puedes contener las lágrimas. luego escuchar los latidos de su corazon. la vida se aferra, es un bebé vivo y fuerte, sin más.

estoy felíz, ya cada vez más, de poquito en poquito, del shock inicial a el amor a lo desconocido. ya lo amo, ya quiero verlo. no quisiera cambiar la velocidad de mi vida, no quisiera dejar mis prioridades, pero como decía, es instinto. y parece que a la llegada de nuestro pequeño, o pequeña, muchas cosas tendrán que cambiar, pero no importa, cada día que mi tripita se va extendiendo, las mil molestias gástricas, las manchitas raras en la cara y la cintura sin dimensión han dejado de ser importantes. supongo desde ya que todo vale la pena.

jueves, 4 de febrero de 2010


Cosa de niños...
la peli de anoche me trasladó a esa época en la que realmente disfrutas las pelis sin más cuestionamientos. colores, formas, magia. avatar lo merece, aunque lleve ya un historial de inicio con demandas de plagio y toda la cosa. Eso parece real, pero queda como publicidad casi gratuita, no?

Yo la verdad es que la disfruté "en grande", hasta me gustaron los alienígenas. Mi chavo dice que la protagonista lo puso. No me quedó más remedio que decirle que a mi Jack Sully también me "puso". Aunque debo de confesar que me gustó mucho más Neytiri, así que por hoy, se la pasó... Lo que de plano la peli deja claro, es la innegable podredumbre humana. Hubo momentos en los que me sentí avergonzada de formar parte de esta raza. Bueno, quizá yo no sea tan perversa, pero igual y sí. Eran extraterrestres, y por si eso fuera poco, indígenas!! que madres podían importarle a los emprendedores empresarios terrestres si era un mundo perfecto, con un equilibrio energético que aquí ya hemos dejado de disfrutar hace tiempo. Ese contacto universal que ya llega a lo obsoleto en nuestras actuales generaciones, los vestigios de lo que (me aferro a pensar) alguna vez fueron humanos de alta valía. Al menos eso pintan los restos de culturas como las de mi país, en las que, aun y que la violencia formaba el cotidiano de la vida y la supervivencia, el respeto y el amor por la naturaleza, se deificaba en cientos de seres a quienes no se tenía reparo en adorar : el sol, el agua, la tierra, hasta el pulque! pero bueno, incluso yo me sentí incómoda con los cánticos en el árbol sagrado. Quizá que me recordaron mi más temprana infancia en la misa de cada domingo cuando mi abuelita pretendía hacer de mí una mujer de bien para la sociedad, aleccionada en las mejores instituciones para ello, como es la iglesia católica... pero bueno, no es la institución a lo que aquí me refiero, solo al hecho de entregarse sin más a esa parte innegable del humano, la que corresponde al poder supremo, la energía universal. Eso rescato. Solo que -dejando las cosas de niños del principio de este comentario-, no es necesario ir al cine para ver el retrato más feo de la peli, suficiente es ojear la geografía inútil de nuestro maltrecho planeta...

ahí si que está en vivo y a todo color,
y sin gafas.